"LOS FANTASMAS DE PAJACUARAN"
POR: JOSÉ LUIS ALEJO CASTILLO

Pajacuarán
Temblaba de miedo, abría mis ojos lo mas grande que se podía, en mis
manos estaba un recipiente donde el padre tomaba agua bendita que
rociaba en el amplio cuarto, donde rezaba y rezaba…¡ ahí está el diablo
¡, pensaba y pensaba…..
Abajo del vestido de acólito, todo de rojo y blanco, estaba mi frágil
cuerpo de apenas 8 años de edad, con mi mente abierta y el miedo que se
metía por todos los poros de mi piel…yo también rezaba con muchas ganas
y creo que de tanto temor hasta el ave maría y el padre nuestro se me
olvidaron por ese fatal y macabro momento…atropellaba mis pueriles
ideas.
Nunca me explicaba cómo en esa casa, enfrente de la iglesia de San
Cristóbal, estaban sucediendo cosas extrañas…..mis dientes
“castañueleaban” y es que no era para menos: desde un tapanco
ubicado en ese amplio cuarto central de la casa de doña Raquel, desde
una altura de cuatro metros, salían con una gran velocidad y fuerza,
piedras que chocaban violentamente contra el cristal del ropero, que se
encontraba enfrente. El vidrio vibraba ante cada golpe, pero
increíblemente no se rompía.
El padre Javier, vestido de negro con blanco, comenzó a rezar el
“magnificat”, luego avemarias y padrenuestros…..pero nada detenía esa
fuerza indómita que bajaba del tapanco y se estrellaba contra el
cristal….
Una…y otra….y otra piedra mas…..muchas piedras……el cuarto se sentía
muy frío…..luego vino el aroma a caño, a putrefacción….como si todos los
vecinos de la casa se hubieran muerto y estuvieran en descomposición.
“Es el maligno”…dijo el padre…..y eso me puso mas helado, entorpecí
aún más mis rezos y quería salir corriendo…pero tenía en mis manos el
agua bendita y era el acólito….aguanté a mis ocho años y entonces
presencié por primera vez la existencia de fuerzas extrañas.
El sacerdote, convertido en exorcista, tardó casi una hora rezando,
mientras que los moradores de la casa, rezaban al unísono, con sus ojos
bien pelados, temblando de miedo y con las ganas de correr cuando menos
al baño para desahogar las urgencias por hecho tan singular.
Poco a poco las piedras dejaron de estrellarse contra el reopero, el
olor nauseabundo disminuyó, y nuestras almas comenzaron a entrar de
nuevo en nuestros cuerpos…al paso de los días se realizó ahí un
novenario y mas tarde desapareció todo fenómeno del lugar. Nunca supe en
realidad qué pasó ahí, pero ahora el lugar está fraccionado y ahí viven
las familias Pozos Carriedo y Patiño Ochoa, ellos nunca supieron de lo
ocurrido.
Pajacuarán, mi tierra natal, ubicada en las faldas de un cerro que a
sus pies tiene la inmensa ciénaga de Chapala, con sus 50 mil hectáreas
de cultivo y el lago como testigo, un día fue isla y en esta ocasión,
para lo que nos ocupa, es una zona de amplio avistamiento de ovnis y
de sucesos paranormales…quizá de ahí me viene el que ahora este dedicado
con todo mi empeño a la investigación del fenómeno paranormal…desde
niño, en otras palabras, estaba marcado por las causalidades que ahora
aquí me tienen.
GENOVEVA SIEMPRE ME IMPRESIONÓ.
Nuestra familia vivía a tres casas de donde se registró el fenómeno
arriba descrito, era una casa prestada, que pertenecía al padre Benito,
un cura tan enojón y furioso que todos los del pueblo no querían
confesarse con él porque a todos los condenaba y mandaba al infierno por
su pecados cometidos, no había salvación…..yo no sé si el padre Benito
estará en el cielo, creo que andará por el rumbo del purgatorio, eso
creo.
Mi hermana Genoveva, la segunda de la familia, después de Jaime,
siempre me impresionaba por todo lo que le sucedía. En lo particular
tuve muchas visiones, veía sombras en el templo, me parecía que los
santos que están ahí. Se movían cuando en la noche apagábamos las luces
con Lencho, el sacristán, y todos ellos me daban miedo, menos la figura
de la virgen y de Cristo.
Sin embargo Genoveva se despertó por esas fechas muy temprano, porque
soñó que en el granero había que escarbar para sacar objetos de oro que
pertenecieron a la iglesia y que ahora debían ser desenterrados…mi
madre Josefina y mi Padre Silvestre además que la juzgaron de “loca”, no
le creyeron…ese sueño se volvió a repetir, hasta que el cura del lugar
determinó hacerle caso…ese dpía sacaron calices, patenas y muchas cosas
de oro, así como dinero…estaba enterrado en el mismo lugar donde mi
hermana les había dicho. Ella no se quedó con nada, porque nunca ha sido
ambiciosa, me consta.
Uno de los hechos mas impactantes que tuvo mi hermana fue el día que
estando acostada, eran las tres de la madrugada, de pronto su piel se
enchinó, se acurrucó fetalmente y a los pocos minutos comenzó a recorrer
las calles desoladas y empedradas de Pajacuarán, ese grito tenebroso
que muchos conocemos:
¡¡¡¡¡¡ haaaaaayyyyyyyyyy………..mis hijos¡¡¡¡¡¡¡.
El grito de la llorona, se alejó entre aullidos de perros y se metió
en el seno del cerro para perderse en cualquier parte. Pero nunca se
perdió de la mente de ella, que ahora lo recuerda….yo en realidad era
pequeño y estaba ocupado en soñar que todos los días viajaba por los
aires, conocía ciudades, o nadaba entre los delfines con los que jugaba
intensamente o que caía en un pozo profundo…pero el grito de la llorona
nos despertó a casi todos, que ya no pudimos pegar la pestaña.
AHI ESTABA ESA HERMOSA MÁQUINA EN EL CIELO SIN HACER RUIDO.
En otra ocasión, cerca de las 19 horas, nos sucedió algo impactante:
Genoveva llegó al patio de esa casa que les cuento y de pronto se
quedó estática viendo como a uso10 metros, suspendida en el aire estaba
una máquina, llena de luces de colores, sin hacer ruido y completamente
estática…estaba absorta observando las belleza de ese ovni, no
pronunciaba palabra…poco a poco se sobrepuso a su sorpresa y llamó a
algunos de la familia. Fue un bello espectáculo.
De pronto la nave se aleja como si fuera impulsada por un gigantesco
resorte que la lanza al cielo a velocidad impresionante de varios
cientos de kilómetros por hora….cuando ya no la vimos, cruzamos nuestras
miradas y no dábamos crédito. Desde luego que nuestra madre Josefina no
lo volvía a creer.
Cabe señalar que en esta zona hay un valle de miles de kilómetros y
siendo niños nos deleitaba ver tantas luces en el cielo que cruzaban el
espacio a velocidades impresionantes. Esto ha sido muy recurrente en mi
pueblo, incluso en la parte alta del cerro hay dos comunidades que se
llaman Fray Domínguez y el Cometa…en ambas se observan cráteres y hemos
visto como “aterrizan” naves, en mi memoria infantil guardo intactos los
recuerdos.
Como también recuerdo que viviendo en una contra-esquina en la calle
16 de septiembre, ví cómo era asesinado un señor, mientras que el
agresor pistola en mano se movía en circulos sin dejar de disparar…luego
se alejó corriendo, mientras yo estaba escondido…no olvido sus
terribles pisadas de huida.
Ahí murieron por lo menos tres personas en condiciones
similares….quizá por ello una noche mientras que el aire serpenteaba y
hacía ruido extraño en las calles desoladas, afuera de esta casa mi
hermana Josefina escuchó como un quejido- bramido-aullido muy tenebroso
que estaba pegado en nuestra puerta….el sonido dio vuelta por la calle
Galeana y se perdió mientras que mi hermana rezaba el magnificat…ella
está segura que fueron fuerzas del mal desatadas por las muertes ahí
ocurridas.
SE APARECIO UNA MUJER VIEJECITA….
Al paso del tiempo los fenómenos se siguieron manifestando. Genoveva
se casó y cambio de casa, a las afueras de Pajacuarán. Ella cuenta que
dos días después de la mudanza, eran las 9 de la noche cuando tocaron a
su puerta. Abrió y encontró a una mujer viejecita, encorvada, a la que
no le pudo ver la cara…ella le pídió una pastilla porque le dolía la
cabeza.
La pastilla llegó a sus manos y dio las gracias..Genoveva cuenta que
alcanzó a percibir el frío de sus manos t que nunca pudo ver la cara de
la señora, por mas que hizo el esfuerzo. Este fortuito encuentro lo
contó a su esposo Eduardo y pasó la noche.
Al día siguiente mi hermana determinó visitar a la ancianita para ver
como había seguido. Caminó unos pasos y al llegar a la esquina donde le
dijo la señora que vivía, se encontró con una casa en ruinas, sin
moradores, sin ancianita.
El escalofrío le subió por el cuerpo cuando le dijeron que esa persona tenía másde 20 años de haber muerto….
Hay que asentar que esta familia, de la cual provengo, tiene mucho de
percepciones…mi madre tuvo contacto con su hermana Catalina, una semana
después de que murió ella, incluso cuando recien apenas falleció
hablaba de ese acercamiento con parientes ya fallecidos.
Mi padre, en sus andanzas de bohemio y extraordinario músico, nos
habló siempre de haber visto un perro negro con ojos rojos que se le
apareció en las frías y solitarias noches de mi pueblo hace mas de 40
años.
Mi madre solía contarnos las historias de miedo, por las tardes, así
pasaban las horas hasta que entrada la noche nadie de mies hermanos
quería irse a dormir, por miedo sin duda a que los fantasmas de las
historias pudieran hacerse presentes.
Siempre he creido que en todas las comunidades y en la zona urbana
hay abuelos y abuelitas que siguen contando estas historias de
haciendas, del diablo, de fantasmas y de cosas que no se explica uno.
Esta es la raíz que me sustenta, esta es la historia de mi vida en
materia paranormal y fue lo que me indujo a integrar el amplio equipo de
trabajo de “LOS FANTASMAS” que labora desde hace 3 años en el programa
mas escuchado de la radio a través de “LA Z” y que se difunde de lunes a
viernes a las 22 horas.
Lo que ahora me ha acontecido, es ya otra historia, mas fuerte desde
luego, pero con el valor que te da el saber como “enfrentar” cada
situación y lo que representa la vida y la muerte….no han faltado los
arañazos que de pronto se marcan en el cuerpo, los “envios” que hacen
quienes quieren nulificarte y aquellos fantasmas que “te acompañan” sin
que tu los hayas invitado…pero de ellos hablaremos luego.
Hoy me quedo con el recuerdo de esas calles empedradas, de mi pueblo
de estudios y correrías, con ese cerro tan enigmático y con el viento
que chilla en la noche y recorre metro a metro cada una de calles,
mientras que inesperadamente aullan, que no ladran, los perros.
Hoy me regreso a Pajacuarán para contarles lo vivido